viernes, 8 de marzo de 2013

8M, mucho más que un día: mujer e inmigrante


MUJER E INMIGRANTE.

Los contextos de crisis nunca nos fueron favorables. Desde las primeras conquistas hasta el pantanoso camino en el que estamos sumergidas, el terreno se nos ha planteado difícil. Es más, identificar esta crisis como un ciclo económico regresivo socialmente, no es suficiente, puesto que no hemos cesado de reivindicar aquellas cuestiones que nos pertenecen… Por lo que antes y necesariamente ahora, seguimos en la lucha.
Nos azota una crisis sistémica que muestra sus contradicciones sociales y políticas más duras, perpetuando y ahondando en las desigualdades que lo sustentan. Y aquí es oportuno parar y reflexionar en clave de género y poner sobre la mesa las reivindicaciones igualitarias en derechos, economía y política porque se hacen necesarias para la defensa de nuestra propia identidad sin los estereotipos marcados por las políticas neoliberales que nos subordinan, como mujeres, a la sobra del hombre.
No nos engañemos, que ello/as vociferen que estamos en plena igualdad no hace más que ocultarnos, invisibilizarnos y relegarnos a aquel lugar del que no debimos haber salido, la esfera privada. Porque el reconocimiento de derechos ha mantenido la diversidad y la diferencia, y si hoy cuestionamos las bases de la propia ciudadanía, encontramos la exclusión  del resto de identidades, del género, del sexo, de la raza, la lengua y la clase.
Es decir, que este sistema tenga como objetivo la homogenización social y para ello se apropie de la victoria de la igualdad, es en realidad la legalización de la desigualdad marcada por la economía de mercado.
Sino ¿Cuál es la explicación de la feminización de la pobreza? La tasa de ocupación femenina sigue siendo menor que la masculina y además la desigualdad salarial hace de los trabajos desempeñados por mujeres sean más precarizados. En el caso de la población inmigrante la situación es más dramática y no podemos obviarlo, pese a que la urgencia de las medidas sean otras esta es una cuestión que nos afecta a todas y a todos.
La tasa de desempleo entre las personas inmigrantes es el doble que la de las/os españolas/os y las disparidades entre hombres extranjeros y mujeres extranjeras sigue siendo notoria, aunque sin tener datos que verifiquen esta problemática porque son mano de obra destinada a sectores económicos con múltiples irregularidades.
Las mujeres inmigrantes en este caso se encuentran en una disposición de inferioridad.
Por un lado, por la precarización de su trabajo, ya que son sujetos económicos que contribuyen más a la economía de lo que después perciben, es decir, que las tareas que realizan no son consideradas como trabajo y que en su mayor parte está destinado tanto al trabajo doméstico, al mantenimiento de sus propios hogares y ajenos, como a los trabajos de cuidado, que impiden una independencia real del sustentador de la familia y cuya regulación es complicado que sea efectiva.
Por otro lado, como consecuencia sus condiciones precarias otros destinos laborales están en la hostelería y en la prostitución. Con lo que se da inestabilidad y desamparo jurídico por la falta de reconocimiento real del trabajo y de derechos.
La consecuencia inmediata es que por el hecho de ser inmigrante y mujer es que existe desprotección laboral y jurídica que es permitida y mantenida en el tiempo.  Por ejemplo, que intenten llevar a cabo la regulación de las empleadas del hogar, recordemos que es el  sector en que las mujeres e inmigrantes son más numerosas, no es un incentivo para ofrecer la protección y asistencia laboral necesaria como cualquier trabajo regulado, sino para que florezca la economía sumergida. Sabemos que las empleadas del hogar y aquellas que se dedican a los cuidados no son las que más evaden en la economía.
Al igual que ocurre con la prostitución, cuyas trabajadoras, forzadas o voluntarias, para la industria del sexo se encuentra con múltiples factores de vulnerabilidad por la falta de protección y servicios asistenciales. Aunque la problemática que suscita la prostitución nos debería llevar a un debate mucho más profundo, no deja de ser evidente la exclusión social y la estigmatización de estas mujeres, sin garantía de una vida digna.


Es una obviedad, están institucionalmente fuera, no tienen derechos sociales, políticos y civiles lo que hace que aumente la desigualdad entre hombres y mujeres, también entre la población inmigrante. Como he apuntado, las inmigrantes se ven destinadas a trabajos precarios con escaso reconocimiento económico terminando en exclusión y desigualdad.
La integración de estas culturas minoritarias es necesaria si queremos que su reconocimiento lleve de la mano derechos y garantía de vida. Sin embargo, debemos cuestionarnos si la integración debe ser mediante los patrones institucionalizados de la cultura dominante, porque garantiza  que predominen la estructura de clases y el orden de estatus mediante los que continúan las desigualdades jerarquizadas. El mercado es otro factor predominante en este proceso de integración y como tal, no puede garantizarse una justicia redistributiva. Lo que conlleva a un reconocimiento erróneo ya que van a seguir perpetuándose estructuras subordinadas que demandarán otras necesidades. Por lo tanto, su lucha y reconocimiento, es también el nuestro.
Nos une la lucha contra el patriarcado común, de ser visibilizadas y poder actuar. Es imprescindible que la cuestión identitaria se eleve al debate y sea objeto de reconocimiento como iguales y libres y que nuestro reconocimiento no sea una reordenación del sistema patriarcal. Es un esfuerzo por encajar las cuestiones de implementación de justicia social, libertad y dignidad para las mujeres.
Porque el patriarcado es universal y no existe una igualdad entre hombres y mujeres. Cada exclusión, maltrato, acoso no es a una persona individual sino que es parte de una organización de la relación entre los sexos y que nos atañe a todas y a todos.


Eva Martínez Borrega.
Estudiante de ciencias políticas y la administración pública, coordinadora del área de juventud IU-LV Leganés y miembro de la comisión coordinadora de jóvenes de IU-CM.

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